¿Médico divulgador o «médico modelo»? El peligro de cruzar la línea
De unos años a esta parte, muchos médicos han ganado un protagonismo en redes sociales que traspasa la mera divulgación científica. Estábamos acostumbrados a perfiles con miles de seguidores que hablaban únicamente de su área y de sus resultados. Ejemplos hay muchos, pero voy a hablarte por citar un médico referente del Dr. Pablo Casas: un cirujano riguroso, con unos resultados excelentes en rinoplastia, cuyo mensaje jamás ha traspasado los límites de su especialidad. No le verás hablando de lifestyle.
Sin embargo, en paralelo ha crecido otro tipo de perfil. Médicos que, por su relación directa con los hábitos de vida, lanzan mensajes sobre deporte, alimentación y longevidad.
Ahí es donde entra el Dr. José Abellán. Lleva años haciendo una labor buenísima en prevención cardiovascular. Tiene más de un millón de seguidores, los grandes medios de comunicación se lo rifan y, claro, era cuestión de tiempo que se fijaran en él las marcas de gran consumo. Concretamente, la firma de ropa Springfield.
Y aquí es donde hago un stop, porque como experta en marketing sanitario, mi postura no acaba de definirse. A mí, esto me chirría.
Por un lado, ver el anuncio de Abellán mostrando su vida fuera del hospital con ropa de la marca es oro puro. Los médicos tienen vida, se relajan. Para el equipo de comunicación de Springfield, esto es medalla de oro. Su última acción, dentro de la campaña «Bendito Verano», es un vídeo del doctor en un evento presencial preguntando a la gente qué hay en su nevera y riñendo entre risas a quienes abusan de las cervezas y las colas. El vídeo es un cañón: 19k likes, alcance brutal y comentarios infinitos.
De nuevo, medalla para la marca. Promueven hábitos saludables con el médico del momento. Es bueno para la marca, es bueno para la gente pero… ¿es bueno para el doctor?
Esta mañana lo hablaba con mi amigo, el Dr. Fran Flecha, experto en cirugía plástica facial en Madrid y a quien tuve la suerte de acompañar en la creación de su proyecto. Hace poco hizo una colaboración con Doctoralia y esa, fíjate, no me chirrió. ¿Por qué? Porque se dirige a doctores. Es un rol de KOL (Key Opinion Leader) dentro de la industria.
Preguntándole sobre el tema, Fran me confesaba que algunas marcas de consumo han contactado con él, pero ha decidido rechazarlas porque no demuestran científicamente lo que prometen. Si aceptara, su rigor se quedaría a un lado.
Y me dirás: «Gema, no tiene nada que ver una marca de ropa con una por ejemplo de alimentación; lo primero no daña la salud». Ojo. La marca médica es tu sello de identidad. Tu credibilidad pende de un hilo tan fino que hay que pensarse muy bien los «síes» para no arrepentirse después. Una cosa es ser un referente en tu sector y otra, muy distinta, pasar a ser un embajador de marcas de gran consumo al puro estilo influencer.
Si estás pensando en dar el salto, te dejo tres aspectos que debes analizar con lupa:
1. Cuidado con el «Healthwashing» (el lavado de imagen)
Debes analizar la marca que te contrata de forma global. ¿Chocaría que Springfield patrocine al mismo tiempo festivales de música co-patrocinados por marcas de alcohol y bebidas azucaradas? Por supuesto. Tienes que valorar si esa firma realmente comparte tu filosofía de salud o si, simplemente, está utilizando tu bata blanca para hacer healthwashing y limpiar su imagen corporativa a tu costa.
2. La amenaza al rigor científico y el efecto «vendido»
En el momento en que cobras de una marca comercial masiva, te expones a que tu comunidad te catalogue como un «vendido». Tu rigor científico se debilita. Si mañana das un consejo serio —por ejemplo, la importancia de usar protector solar—, un sector del ámbito digital (de esos que ahora defienden el peligroso «callo solar») saltará a decir que hablas así porque te dejas comprar por la industria. Te vuelves vulnerable al ataque.
3. La pregunta del millón: ¿Te merece la pena?
Al Dr. Abellán, ¿le merecía la pena pasar de médico a médico influencer en divulgación científica? Rotundamente, sí. Ha salvado vidas cambiando hábitos desde una pantalla.
Pero, ¿le merece la pena pasar de médico influencer a médico modelo y embajador de firmas de ropa?
Yo dejo la pregunta abierta. Pero, personalmente, creo que no.




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